COMPLACES A DIOS O A LOS HOMBRES

Las relaciones saludables requieren que seas más complaciente con Dios que complaciente con las personas. Eso puede sonar contradictorio, pero es cierto. Si buscas complacer a las personas más que a Dios en realidad terminas con relaciones poco saludables. Gálatas 1:10 nos dice: "No estoy intentando complacer a la gente. Quiero agradar a Dios ¿Crees que estoy tratando de complacer a la gente? Si yo estuviese haciendo eso, no sería un siervo de Cristo". Nuestro enfoque es agradar a Dios y no a la gente.

¿Por qué intentar complacer a la gente no funciona? Nunca los puedes complacer a todos. Aceptar que no puedes hacer felices a todos te ayuda en tus relaciones, no les hace daño. Algunos son motivados para ser aceptados, para que todos sean felices, para que todos se lleven bien. Eso puede ser genial en teoría, pero en realidad todos no siempre pueden llevarse bien. La gente nunca estará siempre de acuerdo. Dos personas pueden estar en la misma situación y verla desde dos perspectivas totalmente diferentes.

Las personas complacientes a la final te llevan a la infelicidad. Cuando tu vida se trata de agradar a otras personas que nunca estarán completamente satisfechas, solo te sentirás frustrado y serás infeliz. Nuestro deseo no es complacer a las personas, es agradar a Dios. Cuando queremos complacer a la gente comenzamos a adaptar nuestro estilo de vida porque tememos el rechazo.

Tuve una experiencia interesante en el campo de golf hace unos años. Decidí ir a jugar a último minuto y realmente no lo había planeado para la semana. Me presenté como lo que ellos llaman un soltero, no tenía un compañero o grupo con quien jugar. Me pusieron en un grupo con otros tres chicos jóvenes. Hablaban de maneras diferentes a las que la gente suele hablar a mi alrededor. Hablando de temas de los que generalmente no hablan y consumiendo una buena cantidad de cerveza en el proceso. ¡Incluso uno de ellos me golpeó con una pelota de golf!

Cuanto más escuchaba hablar a estos muchachos, podía sentir la presión para adaptarse. El chico más ruidoso del grupo me preguntó si quería una cerveza y cuando le dije que no, él siguió presionándome para tomar una. Cuanto más escuchaba, más pensaba lo fuerte que era la presión en complacer a las personas. Hacer lo que están haciendo, hablar como ellos hablaban y no ser diferente. Tenía tantas ganas de decirles quien era yo, pero lo mantuve en secreto todo el tiempo porque realmente así era mucho más divertido.

Si tu complaces a la gente, vas a adaptar tu estilo de vida a lo que a la gente le agrada y no vas a agradar a Dios. El Apóstol Pablo dijo: "Si yo hiciera eso, yo no sería un siervo de Cristo". Si vas a seguir a Cristo, si vas a ser Su siervo, entonces necesitas adaptar tu estilo de vida de acuerdo con las enseñanzas de Jesús.

 


 

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