JESÚS ES EL CENTRO

Pocos palacios rivalizan con Versalles por pura opulencia y tamaño. Cuando lo visité no me di cuenta en realidad, es más que un palacio, es un grupo masivo de edificios y jardines. Si lo construyeran hoy, el costo sería de alrededor 31 mil millones de dólares. Ese número es bien difícil de comprender.

Se encuentra a las afueras de París y es la antigua casa de los reyes franceses. La construcción fue encargada por el Rey Luis XIV, quien trasladó el gobierno de Francia a Versalles en 1682 y quería un palacio para igualar la gloria de su reinado.

En ninguna parte esto es más evidente que en el Salón de los Espejos. El elegante salón de baile se extiende unos 240 pies adornados con colosales espejos arqueados, estatuas doradas y deslumbrantes candelabros. Es sorprendente presenciar tal esplendor.

Versalles siguió siendo el epicentro del poder real francés durante más de un siglo hasta 1789. La Revolución Francesa terminó su uso gubernamental, pero aun así sigue siendo un lugar especial por su belleza y legado. También fue donde se firmó el Tratado de Versalles en junio de 1919 terminando la Primera Guerra Mundial.

El Rey Luis XIV se llamó a sí mismo el dios del sol. El literalmente creía que todo giraba alrededor de él. Tenía símbolos del sol colocados en todo el palacio para recordarle a la gente quien era él. Su habitación estaba en el centro del palacio, así que todos sabían que debía ser el centro de todo.

En su mesa, solo él tenía una silla. Todos los invitados se sentaron en el suelo para poder admirarlo mirando hacia arriba. Tenía una capilla en el palacio donde adoraba todas las mañanas. Sin embargo, en la misa él hacía que todos los feligreses dijeran: "El rey viene" cuando venía entrando. El enfoque fue siempre sobre él, incluso en la iglesia.

I Corintios 15: 25-26 nos dice: "Cristo gobernará hasta que ponga a todos sus enemigos bajo su poder y el último enemigo que destruya será la muerte”. Solo hay un rey y se llama Jesús. Toda gira en torno a él y nadie más. Su gobierno continúa en este mundo hasta su segunda venida.

Jesús debe ser el centro de nuestras vidas. Todo debería girar en torno a Jesús y su voluntad para nosotros. Se trata de Jesús, no de otra cosa. Nada debería importarnos más que Jesús. Nuestras vidas deben centrarse en lo que él quiere más de lo que nosotros queremos. En el reino de Dios, Jesús es el rey de nuestras vidas.

 


 

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